El miércoles, a 45 kilómetros al norte de Fiambalá, Nazarena Heredia (27) cursaba un avanzado embarazo, y antes que amaneciera, empezó con trabajos de parto. Toda la familia sabía que la única enfermera del pueblo por razones de salud hace más de un mes que no se encuentra trabajando por lo que la abuela tuvo que tomar el rol de “partera” ayudando a su nieta durante el parto.
La responsabilidad fue mayúscula, por un lado, hacer todo lo posible para que el bebé naciera bien, sin dejar nada al azar para proteger la vida del niño y de la madre. Lamentablemente, la falta de energía eléctrica jugó una mala pasada y se tuvo que acudir a la luz de la vela y linternas.
Luego del aviso, se envió una ambulancia que trasladó a la madre y a la recién nacida al hospital, donde según las evaluaciones de los médicos estaban ambas bien de salud, pero quedaron internadas por precaución 48 horas